Documental siguió a juez Garzón en su lucha por liberar a Julian Assange

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Un film que integra dos figuras del icónicas del anti establishment como el juez español Baltasar Garzón y el activista australiano Julian Assange es “Hacking Justice” (El juez y el rebelde), que podrá verse en el marco del Festival DocsBarcelona Valparaíso.

Este festival proyectará hasta el 6 de octubre las mejores películas a nivel mundial que se exhibirán durante 8 días en tres importantes salas de la ciudad puerto: Cineteca PUCV, Teatro Condell, Centro de Extensión Duoc UC.

Con el objetivo de acercar a las personas al cine de la vida real, el festival de documentales DocsBarcelona Valparaíso contará con una programación que abarca diversas temáticas que van desde documentales sobre arte y cultura, política, justicia e historias de mujeres contadas por mujeres.

Dos figuras

La cinta de 90 minutos es una co producción hispano alemana, dirigida por Clara López Rubio y Juan Pancorbo, y reflexiona sobre el caso de Assange (Australia, 1971), el fundador del sitio Wikileaks, que desde 2007 ha filtrado miles de documentos secretos de países de todo el mundo sobre casos como la invasión de Irak. Por esto último es perseguido por los Estados Unidos.

En 2010, el australiano fue acusado en Suecia por un delito sexual, pero Assange señala que se trata de una maniobra para extraditarlo al país norteamericano. En 2012, se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, donde permanece hasta ahora. El caso sueco fue cerrado en mayo, pero Assange sigue asilado.

Por su parte, el juez Garzón se hizo famoso mundialmente en 1998 al pedir el arresto del dictador Augusto Pinochet en Londres, que fue liberado finalmente en 2000. Pero también vio otras causas famosas por narcotráfico, terrorismo y memoria histórica. El Poder Judicial español apartó a Garzón de sus funciones en 2012 por supuestamente haber ordenado unas escuchas ilegales en el marco del Caso Gürtel, un escándalo por corrupción.

Esta cinta narra el intento de Garzón por lograr la libertad de Assange y resolver un complejo caso donde chocan justicia y alta política.

Dos figuras fascinantes

López y Pancorbo estudiaron cine en la Academia de Cine y Televisión de Berlín. Han dirigido varios cortometrajes de ficción (“Aurora”, “El conde inglés”, en el caso de López), entre otros sobre el tema de la Guerra Civil española y la dictadura franquista.

La génesis de esta película es de 2012, cuando los realizadores establecieron contacto con Garzón para hacer una película sobre su trayectoria en el ámbito de la jurisdicción universal.

“Era el verano de 2012 y fuimos a visitarlo a su pueblo natal, Torres, en Andalucía. El juez acababa de ser inhabilitado y estaba en proceso de reinventarse como abogado. Fue en esos mismos días cuando recibió la llamada de Julian Assange y aceptó coordinar su defensa pro bono. Ahí había una historia que merecía la pena ser contada”, cuenta  López.

“De repente, teníamos otra figura fascinante y también controvertida, y un caso de suma actualidad que despertaba gran interés internacionalmente. Como narradores, enseguida nos sedujo el encuentro de estas dos personalidades en apariencia tan distintas”, dice.

“Luego, el propio Garzón nos explicó que él entendía la defensa de Julian Assange como la defensa de un principio fundamental en democracia: la libertad de expresión y el derecho al acceso a la información. Desde esa perspectiva, este caso global encajaba en nuestra visión inicial del proyecto. Decidimos contar un Garzón inédito, trabajando ahora del otro lado del sistema judicial, no ya como juez instructor, sino como abogado”.

La película muestra el trabajo de Garzón al frente del equipo legal internacional que defiende aAssange. Son abogados de derechos humanos inmersos en un caso plagado de irregularidades, que implica a varios Estados, “en el que queda claro que cuando la justicia choca con la política, esta última tiene todas las de ganar”.

“En términos visuales, nosotros lo plantéabamos de esta forma: un hombre encerrado en una habitación y otro que viaja por todo el mundo con la misión de sacarlo de ella. Pero de fondo estaban los grandes temas, porque lo que había en juego era mucho más que el destino de un solo individuo. Hablamos del futuro de internet, de transparencia para gobiernos y corporaciones, de la necesidad de proteger a los whistleblowers, de la institución del asilo diplomático tan arraigada en los países latinoamericanos…”.

Desafíos

Los desafíos no faltaron. De hecho, inicialmente el título original de la película era “The Challenge”, el desafío.

Uno de ellos fue la dificultad de acceso a personajes tan prominentes para dos directores sin renombre, sin una filmografía detrás, “porque ésta es nuestra primera película”.

Y luego, todas las dificultades que conlleva hacer una película sobre abogados que están trabajando en un caso secreto; un caso aún abierto y de alto voltaje político, en el que todos los actores tienen que ser extremadamente cautos. Cualquier interferencia de los cineastas podía perjudicar el proceso en marcha.

“Muchas veces hicimos viajes en vano, nos negaron los permisos de rodaje por la confidencialidad de los encuentros y nos quedamos sin poder filmar. El rodaje se prolongó durante años porque el caso estuvo paralizado mucho tiempo. Eso ocasionó un gran desafío de producción. Al tratarse de un complejo asunto legal, con muchos escenarios jurídicos, teníamos que costear viajes por todo el mundo: a Ecuador, Estados Unidos, Ginebra, Madrid, Londres… La mayoría de estos viajes se decidían con pocos días de antelación: los gastos eran elevados y el tiempo de preparación, mínimo. Teníamos que estar siempre alerta y dispuestos a actuar rápidamente”.

“Nosotros estábamos haciendo esta película en nuestros ratos libres, conpaginándola con nuestros trabajos, con nuestras respectivas familias y la crianza de nuestros hijos… Después de año y medio de rodaje se nos acabó por primera vez el presupuesto. Esto nos volvería a pasar varias veces, y cada vez tuvimos que meter dinero propio en el proyecto, aunque afortunadamente siempre logramos encontrar nuevas fuentes de financiación. Podríamos seguir contando…”.

La filmación además se realizó en medio de una continua incertidumbre. Durante los primeros meses, los cineastas creían que el caso podía tener una resolución inminente, que Julian Assange podría salir en cualquier momento de la embajada.

“Trabajábamos con una sensación de urgencia que nos hizo tomar muchas decisiones apresuradas. Luego pasamos a justamente lo contrario: meses y años de aparente bloqueo en el caso, en los que parecía que el equipo de defensa no estaba logrando ningún avance y que la situación podía prolongarse eternamente”.

Lo que sí fue realmente sorprendente, para bien, fue la resolución del grupo de trabajo de Naciones Unidas.

“Sorprendente también el entusiasmo, la capacidad de aguante, la fuerza y el convencimiento que demostraban y siguen demostrando nuestros protagonistas. Un coraje que realmente es contagioso y que nos ayudó a superar muchos momentos de desesperanza para terminar este proyecto”.

El hacker Garzón

Para López, Garzón entendía este caso como una prolongación de su trabajo en el ámbito de la Jurisdicción Universal. No era dedicarse a algo distinto a lo que había estado haciendo durante años como magistrado y desde su fundación de derechos humanos, aunque su papel fuera ahora de abogado defensor.

“Sin duda interpretó correctamente la relevancia del caso. Su cliente estaba siendo sometido a un castigo ejemplar, la clásica estrategia de matar al mensajero, también para disuadir a quienes puedan verse tentados de seguir sus pasos. Garzón sabe que la globalización y la revolución tecnológica avanzan mucho más deprisa que las leyes. Por ello hay un vacío legal y un largo camino por recorrer, por ejemplo en la defensa de los whistleblowers“, como se conoce a aquellos que revelan secretos.

En el documental, una entrevistada describe a Garzón como un hacker. “Esa idea la lanza una de las asesoras legales de Julian Assange, la abogada guatemalteca Renata Ávila. Ella lo explica así: hackers son aquellas personas que estudian la arquitectura de un sistema, encuentran un punto para intervenir en él y lo subvierten, hacen cambios con la intención de mejorarlo. Hacker, pues, en el buen sentido del término. Es lo que hizo Baltasar Garzón en 1998, cuando interpretando la ley de una manera en que ningún otro juez se había atrevido a hacerlo, ordenó la detención de Augusto Pinochet en Londres”.

Assange lleva cinco años asilado en la embajada de Ecuador, sin ver la luz del sol. Pinochet fue liberado por motivos humanitarios en la misma ciudad tras la mitad del tiempo. ¿Qué opinan al respecto?

“Evidentemente es un escándalo. Es lo que mencionábamos antes: el choque entre la justicia y la política, o la justicia y los supuestos intereses de Estado. En el caso de Pinochet, al Reino Unido no le interesaba políticamente retener a un dictador responsable de horrendos crímenes contra la humanidad. En el caso de Julian Assange, al Reino Unido sí parece interesarle mantener privado de libertad, en una especie de limbo jurídico, a un editor que no ha sido aún acusado formalmente de ningún delito en ningún país del mundo”.

Y aunque ahora el caso Assange ha concluido formalmente en Suecia, López no se anima a decir cómo terminará el caso.

“Por lo que sabemos, a día de hoy, después de que Suecia cancelara la investigación -y esto es grave: siete años de investigación preliminar para concluir en… ¡nada!- ahora solo quedaría por aclarar una pequeña infracción, y es que Assange vulneró las condiciones de su fianza cuando se refugió en la Embajada de Ecuador para solicitar el asilo. Una cuestión menor que, en circunstancias normales, debería solucionarse rápidamente. Pero las circunstancias de este caso son cualquier cosa menos normales y el interés político parece ser prolongar al máximo esta situación. A estas alturas, pensamos que la única salida será una decisión diplomática o política antes que una judicial”.

 



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