Democracia 2050: expertos de nivel mundial adelantan el estado agónico de los modelos políticos del siglo XX

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“Ella está en el horizonte. Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez más más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar”.

Con esta cita del cineasta Fernando Birri, popularizada por el escritor Eduardo Galeano, el Director Ejecutivo de Tribu, Tomás González, dio inicio al Foro “Democracia 2050”.

¿El objetivo? Pensar, desde luego, la democracia, de cara a un futuro no tan lejano, en el contexto de cambios tecnológicos y culturales que han cambiado la forma en que convivimos.

“Hoy cualquiera de nosotros tiene en su celular más capacidad de cómputo que la que tenía toda la NASA en 1969 cuando lanzó la misión Apolo 11 a la luna, por lo que ya nos es natural confiar a una inteligencia artificial en nuestro teléfono la ruta de nuestros viajes en auto, al tiempo que éstos además dejan progresivamente de necesitar que los conduzcamos”, expuso González.

Y agregó: “Se espera que en menos de 10 años el 100% de la población mundial esté conectada a internet, así como también millones de objetos y animales. Wikipedia, construida colaborativamente por voluntarios y basada en la confianza, es hace años la enciclopedia más importante del mundo, mientras que posverdad se transformó en la Palabra del Año 2016, evidenciando un escenario en el que cada día nos es más difícil confiar en la veracidad de la información, y en el que la polarización y volatilidad de las posiciones se incrementan”.

Luego, se dio inicio a las presentaciones de los panelistas. Comenzó el Director del Departamento de Comunicaciones y del Centro para la Democracia Deliberativa de la Universidad de Stanford, James Fishkin, acerca de las encuestas de opinión pública y la deliberación.

“Gente pregunta si la solución es más democracia o menos democracia; yo creo que primero debemos preguntarnos qué tipo de democracia”, señaló.

Hizo hincapié que, a su juicio, uno de los ingredientes fundamentales del sistema es “la voluntad de la gente”. Sin embargo, “todos intentan manipular la voluntad de la gente; incluso los robots contribuyen a las noticias falsas, a la plaga de la desinformación”.

También recordó lo preocupante que puede ser el hecho de que solo “consultemos a los medios de comunicación que están de acuerdo con nosotros y que nunca escuchemos acerca del otro lado”.

Sobre la opinión pública, señaló que existen tres problemas: la ignorancia racional, las opiniones fantasmas y la elección de fuentes. Para contrarrestar esto, explicó que los componentes claves deben ser la información balanceada, un grupo de deliberación pequeño y expertos en preguntas y respuestas, los cuales puedan guiar a las personas que, por ejemplo, deben deliberar acerca de algún tema sobre el cual, quizás, no tengan la preparación necesaria.

“La deliberación de los ciudadanos comunes y corrientes, a través de estas encuestas, no constituye un reemplazo a la democracia: es algo que se añade; estoy seguro que el parlamento aprobará lo que la gente quiere, pero el parlamento, por ejemplo, si quieres cambiar una constitución, vas a necesitar de las habilidad técnicas de sus miembros, ya que habrá mucha gente que no sabrá cómo hacerlo”, explicó.

El segundo panelista en exponer fue el Director Ejecutivo de Hyperledger,  Brian Behlendorf, experto en las cadenas de bloque (“blockchain”) para votaciones y servicios públicos. Éstas son, en esencia, una base de datos distribuida que tiene la capacidad de registrar bloques de información y, a su vez, entrelazarlos para hacer más fácil la recuperación de información y la verificación de que aquella no ha sido modificada.

Para explicar la utilidad de las cadenas de bloque, dijo que “ustedes están acá en esta habitación, me escuchan decir estas palabras, algunos las anotan… y si después comparamos las notas, vamos a estar de acuerdo en lo que se dijo. El corazón de las cadenas de bloque es precisamente esa. Que todos tengamos la misma información, exactamente la misma”.

Luego precisó que lo importante es que esa información no se pueda eliminar. “Al igual como hoy, que no puedo decir que mi nombre no es Brian, porque ya les dije a todos que ese es mi nombre”, dijo, agregando que hoy es muy fácil borrar cosas en Internet.

La tercera expositora fue la Directora del Laboratorio sobre la Sociedad Civil Digital de la Universidad de Stanford, Lucy Bernholz, e inició su presentación con la siguiente pregunta: “¿Alguien aquí no tiene un celular? Ah, perfecto. Usted y yo somos los únicos que no tienen. Nos hemos vuelto dependientes de estos dispositivos, de manera fundamental, y a veces no prestamos mucha atención a las implicancias que tiene esto para la democracia civil”.

Durante la ronda de preguntas, el periodista Fernando Paulsen le preguntó a Lucy acerca de la falta de conocimiento que tiene la gente acerca de la tecnología. Y ella respondió: “La razón por la que no sabemos cómo funcionan nuestros dispositivos es porque no puedes vender un billón de iphones si todos necesitan saber cómo funcionan. Hay incentivos de negocio para diseñar los materiales que usamos, que permiten utilizarlos sin saber cómo funcionan”.

El PhD en Ciencias de la Computación del MIT, Bryan Ford, fue el cuarto expositor. Es reconocido por haber creado el concepto de democracia líquida, es decir, una nueva forma de organizar el poder legislativo en la cual el actual congreso de la nación, constituido por un edificio y un conjunto de representantes, es reemplazado por un sistema que funciona a través de procedimientos online y offline.

Bryan explicó que la democracia líquida, en resumen, es un intento por combinar las mejores partes de la democracia representativa y la democracia directa.

Luego precisó que los problemas de la democracia directa son, entre otros, el compromiso, el tiempo y el conocimiento que, en muchos casos, varían dependiendo de las personas y dificultad el pleno desarrollo del sistema.

Luego, para profundizar sobre el concepto de la democracia líquida, dijo que ésta “permite a los votantes elegir representantes distintos para asuntos distintos”. Esto, en la práctica, significa que los votantes pueden delegar su voto a alguien en el cual confían y que, por lo tanto, los representará correctamente.

Sin embargo, acotó que algunas cosas pueden salir mal: “Existe la posibilidad de tener una concentración inadecuada de voto delegado. Por ejemplo, en una comunidad se puede delegar a una única persona y se crea, de ese modo, a un dictador accidental”.

También precisó que existe la posibilidad de saber en qué porcentaje tu delegado votó de acuerdo a tus preferencias. “Puedes saber”, dijo al final de la presentación, “si tu delegado estuvo de acuerdo contigo en, por ejemplo, un 75% de tus preferencias, aunque no podrás saber en cuáles en específico”.

La última en exponer fue la profesora de la Universidad de Yale, Hélène Landemore. Se refirió a los principios de lo que ella denomina “democracia abierta”, haciendo hincapié en que hoy vivimos en una sociedad comercial donde “no tenemos tiempo para la política y lo delegamos. Entre más representación tenemos, vamos a la exclusión. La delegación significa que no podemos ser parte de esos grupos”.

Luego, precisó los principios que deberían guiar este sistema: “derechos de empoderamiento, deliberación democrática, principio mayoritario, representación compleja, rotación y transparencia”.

 

 

 

 

 

 

 

 



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